19 de abril de 2018

Ríos de plástico

Nuestros mares se están ahogando en plástico. Cada año, la asombrosa cantidad de ocho millones de toneladas de este material va a parar a los océanos, y es esencial descubrir exactamente cómo acaba allí. Según un estudio reciente, más de una cuarta parte de todos esos residuos podrían estar llegando desde solo diez ríos, ocho de ellos en Asia.
«Los ríos transportan la basura a lo largo de grandes distancias y conectan casi todas las superficies terrestres con los océanos», por lo que constituyen uno de los principales campos de batalla en la lucha contra la contaminación del mar, explica Christian Schmidt, hidrogeólogo del Centro Helmholtz de Investigaciones Ambientales, en Leipzig.
Schmidt y sus colaboradores examinaron los datos publicados sobre la concentración de plástico en 57 ríos de diversos tamaños de todo el mundo. Estas mediciones incluían botellas y bolsas, así como fibras y partículas microscópicas. Los investigadores multiplicaron estas concentraciones por el caudal de agua de los ríos para calcular el peso total de plástico que vertían al mar. Luego introdujeron los datos en un modelo que los comparó con el peso estimado de los residuos plásticos generados por persona y día a lo largo de cada río.
Los resultados, publicados el pasado mes de noviembre en Environmental Science & Technology, demuestran que, en conjunto, los ríos examinados vierten entre 0,47 y 2,75 millones de toneladas de plástico al mar cada año, cifra que varía según los datos usados en los modelos. Los diez que transportan el 93 por ciento de esa basura son los ríos Yangtsé, Amarillo, Hai, de las Perlas, Amur, Mekong, Indo y delta del Ganges en Asia; y Níger y Nilo en África. Se calcula que solo el río Yangtsé vierte hasta 1,5 millones de toneladas de desechos plásticos en el mar Amarillo.
Una mejor recogida y gestión de los residuos en las regiones más contaminadas ayudaría a detener esta marea, según Schmidt, pero también es esencial concienciar a la gente.
Prachi Pratel
FUENTE: «EXPORT OF PLASTIC DEBRIS BY RIVERS INTO THE SEA», POR CHRISTIAN SCHMIDT ET AL. EN ENVIRONMENTAL SCIENCE & TECHNOLOGY, VOL. 51, N.O 21, 7 DE NOVIEMBRE DE 2017; AMANDA MONTAÑEZ (gráfico)
FUENTE: «EXPORT OF PLASTIC DEBRIS BY RIVERS INTO THE SEA», POR CHRISTIAN SCHMIDT ET AL. EN ENVIRONMENTAL SCIENCE & TECHNOLOGY, VOL. 51, N.O 21, 7 DE NOVIEMBRE DE 2017; AMANDA MONTAÑEZ (gráfico)

El fin de la noche: Contaminación Luminica

La luz artificial suele verse como símbolo de progreso. Sin embargo, hace tiempo que los científicos advierten de que las noches excesivamente iluminadas perjudican no solo a los astrónomos, sino también a los animales e incluso a nuestra salud.
Ahora, un nuevo trabajo ha demostrado que las noches del planeta se están tornando aún más brillantes. Según un estudio publicado el pasado mes de noviembre en Science Advances, entre 2012 y 2016 la superficie de la Tierra iluminada artificialmente creció a un ritmo del 2,2 por ciento anual (mapa). Sin embargo, es probable que dicha cifra esté subestimando el problema, ya que las mediciones no incluían la mayor parte de las lámparas de ledes de bajo consumo que, en todo el mundo, están reemplazando a las de vapor de sodio, explica Christopher Kyba, investigador posdoctoral del Centro Alemán de Investigación de Geociencias de Potsdam y primer firmante del artículo.
Los nuevos datos proceden del Radiómetro para la Toma de Imágenes en el Visible y el Infrarrojo (VIIRS), un instrumento a bordo de un satélite de la NASA diseñado para detectar las longitudes de onda más largas del espectro visible, como las emitidas por las tradicionales farolas amarillas y anaranjadas de vapor de sodio. Sin embargo, el aparato no es capaz de registrar la componente azul de los ledes blancos, correspondiente a una longitud de onda menor. Se ha demostrado que esta luz altera el ciclo de sueño de las personas y el comportamiento de los animales nocturnos.
Los investigadores creen que es la actual transición a los ledes lo que ha provocado que aquellos países que ya mostraban niveles elevados de iluminación, como Italia, Países Bajos, España y EE.UU., hayan permanecido estables en los datos del VIIRS. En cambio, la mayoría de las naciones de Sudamérica, África y Asia revelaron niveles crecientes, lo que indicaría un aumento en el uso de la iluminación tradicional. Sorprendentemente, Australia parece haber perdido área iluminada, si bien los investigadores creen que ello podría deberse a una distorsión de los datos causada por los incendios forestales.
«Es muy triste que el VIIRS haya detectado un aumento [en muchos países] a pesar de no poder ver en la parte del espectro que más ha crecido», comenta Fabio Falchi, investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Contaminación Lumínica de Italia que no participó en el estudio. En 2016, junto con Kyba y otros miembros de su equipo, Falchi publicó un atlas global que puso de manifiesto que, hoy en día, un tercio de la población mundial vive bajo cielos demasiado brillantes para ver la Vía Láctea de noche.
Los datos también cuestionan la idea de que la revolución de los ledes traería consigo una reducción del gasto energético. Entre 2012 y 2016, el PIB de la nación mediana se incrementó en un 13 por ciento, mientras que sus emisiones en longitud de onda larga lo hicieron en 15 puntos porcentuales. Y, en general, se observó una correlación entre la producción total de luz de cada país y su PIB. En palabras de Kyba: «Compraremos tanta luz como dinero estemos dispuestos a gastar en ella».
Joshua Sokol
El Mediterráneo de noche: Según datos de satélite, la superficie del mundo iluminada artificialmente ha crecido en al menos un 2,2 por ciento al año entre 2012 y 2016. [Cortesía del Observatorio de la Tierra de la NASA; imágenes de Joshua Stevens a partir de los datos de VIIRS (instrumento a bordo del satélite Suomi NPP) recopilados por Miguel Román y el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA]

Mares mortíferos

El carbono acumulado en los mares del planeta ha variado lentamente a lo largo de los eones. Pero en 31 ocasiones durante los últimos 542 millones de años la concentración de este elemento se ha desviado mucho más de lo normal o mucho más rápido de lo habitual (círculos de la gráfica principal). Las cinco extinciones masivas han tenido lugar a la par que los episodios más extremos de acumulación de carbono (círculos rosados). En cada una de ellas, más del 75 por ciento de la fauna marina desapareció. La Tierra pronto podría alcanzar un nuevo punto crítico similar. En 1850, los mares albergaban unas 38.000 gigatoneladas de carbono, pero un estudio reciente del catedrático de geofísica Daniel H. Rothman, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, indica que si se añadieran 310 gigatoneladas o más, la desviación volvería a ser aguda. En el siglo y medio transcurrido, la humanidad ya ha aportado unas 155 gigatoneladas, por lo que, de seguir así, vamos en camino de alcanzar las 400 gigatoneladas en 2100 (gráfica pequeña). ¿Aumenta eso el riesgo de una extinción masiva? «Sí, mucho», sentencia Rothman.

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17 de abril de 2018

Los asombrosos arrecifes de coral capaces de sobrevivir al cambio climático

Corales en el mar Rojo (Egipto). FOTO: REINHARD DIRSCHERL (GETTY) | VÍDEO: EPV
Las noticias sobre los arrecifes de coral parecen siempre implacablemente sombrías. En todas partes se están blanqueando y extinguiendo, incapaces de soportar los estragos de unas aguas en rápido calentamiento. O en todas excepto en el norte del mar Rojo, donde parece que una enorme región de arrecifes excepcionalmente resistentes sobrevivirá a temperaturas muy superiores a las normales en la actualidad.
En este sistema de arrecifes, los humanos podríamos aprender lecciones que nos ayuden a proteger otros. Y el norte del mar Rojo podría convertirse en algún momento en refugio: un lugar en el que, aunque los corales de otras partes hayan desaparecido, las especies y las comunidades de arrecife logren sobrevivir hasta que llegue el momento en el que puedan volver a extenderse.
Es un lugar extraordinario. Solo hace falta protegerlo.
“La importancia global de este refugio radica en su tamaño”, afirma Eslam Osman, biólogo marino de la Universidad de Essex. “No hablamos de pequeñas bolsas de resistencia como las que se habían registrado con anterioridad. Hablamos de 2.000 kilómetros de un sistema de arrecifes continuo, con alta diversidad y muchas especies endémicas. Se trata de una escala enorme”.
Hablamos de 2.000 kilómetros de un sistema de arrecifes continuo, con alta diversidad y muchas especies endémicas. Se trata de una escala enorme
En un estudio publicado en Global Change Biology, Osman y sus colaboradores comparan registros de la decoloración de los corales –en el que estos expulsan las algas que viven simbióticamente en su interior, se vuelven blancos y a menudo mueren a continuación– en el mar Rojo con las temperaturas de la superficie de este mar entre 1982 y 2012. El equipo de Osman concluye que, a pesar de los prolongados periodos de calentamiento, “el mar Rojo septentrional no ha experimentado una decoloración masiva”. Lo mismo puede decirse del calentamiento extremo provocado por el fenómeno de El Niño en 2015-2016, añaden, cuando “la decoloración se limitó al mar Rojo central y meridional” a pesar de que las aguas del norte estaban aún más calientes. Las pruebas de laboratorio subrayaron además la resistencia de los corales septentrionales.
La medida de su resistencia puede entenderse observando una unidad denominada ºC-semana, que combina la temperatura y la duración en una cifra que los científicos emplean para medir el estrés calorífico soportado por los arrecifes. Lo importante aquí no es la fórmula exacta, sino la comparación: mientras que por lo general los 4ºC-semana causan decoloración en los corales, y los 8ºC-semana van seguidos de mortalidad masiva, los corales del norte del mar Rojo soportaron 11ºC-semana y 15,1ºC-semana con un daño mínimo. Incluso los 18,9ºC-semana ocasionaron solo una decoloración moderada.
Esto podría deberse a una historia evolutiva adaptada al calor, opinan los investigadores, y a patrones de viento y flujo de aguas específicos, que parecen atenuar los efectos del calentamiento. Sea cual sea la explicación, “toda la región norte podría servir de refugio a los corales constructores de arrecifes frente a las anomalías medioambientales en tiempos de rápido cambio climático”, afirma el equipo de Osman.
En los actuales supuestos climáticos, “el norte del mar Rojo será el último en decolorarse”, remacha Osman. “Sostendrá vida mientras otros arrecifes desaparecen”. Pero aunque puedan soportar aguas más cálidas, otras actividades humanas, como la destrucción del hábitat y los desequilibrios ecológicos causados por la pesca excesiva, siguen representando un peligro.
Aunque en este momento los arrecifes conservan su salud, advierte Osman, y los de la costa egipcia se han beneficiado del descenso del turismo y la pesca tras la Primavera Árabe, la vuelta del turismo hará revivir esas presiones. Y si bien los arrecifes de la costa saudí del mar Rojo han estado históricamente protegidos gracias a las restricciones de las actividades costeras, recientemente ese país asignaba una región de 25.000 kilómetros cuadrados al desarrollo urbanístico, y existen planes de construir frente a estos valiosísimos arrecifes una megaciudad completamente nueva, llamada Neom, a la que se ha asignado un presupuesto de 500.000 millones de dólares.
Osman insiste que la protección y la conservación son absolutamente necesarias. “Tenemos suerte de que el norte del mar Rojo presente una tolerancia tan elevada”, afirma, “pero no deberíamos darla por sentada”.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web de Anthropocene, una publicación de Future Earth. Traducción de NewsClips.

10 medidas para salvar a las abejas (y otros polinizadores)

Asegurar el futuro de polinizadores como las abejas, las moscas y las avispas es vital para la producción de frutas y cultivos, y por ello investigadores de la universidad británica de Anglia del Este apuntan a diversas medidas que pueden ayudarnos en este objetivo y que deberían poner en práctica los gobiernos de los distintos países: desde una mayor regulación de los plaguicidas, a la instauración de sistemas agrícolas diversificados o la monitorización, a largo plazo, de los polinizadores en todo el mundo para tener un conocimiento más profundo sobre su situación real (especialmente en África, Suramérica y Asia, donde existe poca información al respecto,

Hay razones de más para preocuparse por un asunto como este. Un informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) confirmaba hace unos meses que en el norte de Europa y en Norteamérica se están produciendo reducciones a gran escala de los polinizadores silvestres.
Científicos de la universidad de Anglia del Este, dirigidos por la doctora Lynn Dicks –que también participó en el informe de la IPBES–, exponen hasta diez sugerencias para abordar este problema y proteger y asegurar la polinización
“El informe de la IPBES ha dejado claro que los polinizadores son importantes para las personas de todo el mundo, a nivel económico y cultural. Los gobiernos entienden esto, y muchos han tomado ya medidas sustanciales para salvaguardar estos hermosos e importantes animales. Pero hay mucho más por hacer. Instamos a los gobiernos a examinar nuestras propuestas y a considerar si pueden llevar a cabo estos cambios para apoyar y proteger a los polinizadores, como parte de un futuro sostenible y saludable para la humanidad”, destaca la doctora Dicks.
Las diez medidas que se sugieren son las siguientes:
  1. Aumentar los estándares reguladores de los plaguicidas.
  2. Promover el manejo integrado de plagas (MIP).
  3. Incluir los efectos indirectos y subletales (estos no provocan la mortalidad de los polinizadores, pero pueden ocasionar efectos fisiológicos o de comportamiento a largo plazo) en las evaluaciones del riesgo de los cultivos transgénicos.
  4. Regular el movimiento de los polinizadores gestionados.
  5. Desarrollar incentivos para ayudar a los agricultores a beneficiarse de los servicios de los ecosistemas en lugar de los agroquímicos.
  6. Reconocer la polinización como una contribución agrícola.
  7. Apoyar los sistemas de cultivo diversificados.
  8. Conservar y restaurar la infraestructura verde –una red de hábitats entre los que los polinizadores puedan moverse– en los entornos agrícolas y urbanos.
  9. Desarrollar la monitorización a largo plazo de los polinizadores y la polinización.
  10. Financiar la investigación que contribuya a mejorar los rendimientos de la agricultura orgánica, diversificada y ecológica.